HÉCTOR GASPAR GARCÍA: UN LEGADO QUE BRILLA DESDE TORREÓN
Con la visión de transformar una necesidad local en un negocio familiar.
Por Gabriel Ibarra Bourjac
En el corazón polvoriento de Torreón, donde el sol quema las carreteras y las historias se tejen entre el asfalto, Héctor Gaspar García, un contador de Monterrey con el alma anclada en Coahuila, forjó un legado de acero y tenacidad al transformar una necesidad local en un negocio familiar que hoy es referente por su calidad y profesionalismo.
Era 1984, y a sus 29 años, Héctor, con la mirada afilada y el corazón encendido, vio en el servicio de grúas en la ciudad de Torreón una oportunidad. “El equipo era viejo, había que modernizarlo”, pensó, mientras el rugir de un motor lejano parecía sellar su destino. Así nació Grúas y Servicios de la Laguna S.A. de C.V., una empresa que, como un roble en el desierto, echaría raíces profundas, transformando un oficio incomprendido en un faro de profesionalismo.
La empresa de Héctor Gaspar es un esfuerzo familiar. Su esposa, hijas y un nieto forman parte del núcleo que lidera el negocio, al que se suman 50 empleados, algunos con hasta 35 años de antigüedad. “La segunda generación ya está metida”, afirma con orgullo.
Aunque proviene de una familia de ocho hermanos, comenzó solo, a pesar de las advertencias sobre la naturaleza conflictiva del negocio, que depende de accidentes, heridos o, en ocasiones, autoridades corruptas. Antes de las grúas, trabajó en una empresa de materiales con sucursales en Chihuahua, Durango y Torreón.
Su formación como contador y su arraigo en Torreón, donde reside desde hace más de cinco décadas, le dieron las bases para construir una empresa desde cero.
EL APOYO DE SU FAMILIA
Héctor no caminó solo. En su hogar, donde el aroma del café se ha mezclado con planes y sueños, su esposa, hijas y ahora un nieto se unieron a la cruzada. Junto a ellos, 50 empleados, algunos con 35 años de lealtad, formaron una familia extendida que sostiene Grúas y Servicios de la Laguna S.A. de C.V.
“No estoy solo, necesito a mis amigos, mi equipo”, expresa Héctor, su voz cargada de gratitud mientras recorre los patios donde relucen grúas de arrastre, de cemento e industriales, capaces de alzar 100 toneladas. Cada máquina es un testimonio de su visión: un negocio familiar que trasciende generaciones, sirviendo a Torreón, Coahuila, y Gómez Palacio, Durango, con un compromiso que va más allá de mover vehículos.
El camino ha sido arduo. Las carreteras, testigos de accidentes y emergencias, también lo han sido de sus batallas. Héctor no se considera un empresario exitoso, sino un luchador que enfrenta retos diarios. “El trabajo día con día es un desafío”, asegura.
A lo largo de 54 años, ha sorteado devaluaciones y adversidades económicas sin recurrir a créditos grandes que comprometan el negocio. “Nunca nos ha agarrado una crisis grave, nuestros créditos son pequeños y los hemos pagado”, dice.
Pero las regulaciones de la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes son un escollo constante. “Exigen bardas de cuatro metros que invitan al robo, números en unidades sin sentido práctico”, lamenta.
Los corralones, abarrotados de vehículos abandonados, se han convertido en nidos de mosquitos y riesgos de incendio, un problema que, según Héctor, requiere leyes prácticas y apoyos como créditos blandos, no más trabas burocráticas.
Héctor, sin embargo, no se doblegó. Con la humildad de un luchador, evitó deudas grandes y apostó por la capacitación. Contrató asesores externos para perfeccionar procesos y formó a sus empleados en oficinas y en campo. “Un diploma con su nombre los motiva”, dice, mientras revisa grúas equipadas con GPS y candados antidiesel para prevenir robos.
La tecnología es su aliada: “Aplicaciones, telemetría, todo lo que venga es bueno, hay que invertirle”. Pero su pragmatismo lo mantiene cauto: las grúas eléctricas, aunque prometedoras, no pueden aún con la imprevisibilidad de un rescate en una carretera remota a las dos de la madrugada.

“EL ENVIADO DE DIOS”
Entre las múltiples experiencias vividas, Héctor Gaspar recuerda un auxilio vial a las 2 de la mañana en el kilómetro 70 de una carretera. Una familia varada, encabezada por una señora de unos 70 años, los recibió con lágrimas y abrazos. “Nos llamó ‘enviados de Dios’, nos sobaba la cabeza. Fue muy emotivo, nunca lo olvidaré”, relata.
Ese momento, grabado en su alma, le recuerda por qué sigue. Cada auxilio vial es único, un desafío que hace del oficio algo especial. “Es un trabajo duro, pero lleva una magia que no explicas”, reflexiona, mientras el sol de Torreón doraba las grúas alineadas en su patio, cada una un símbolo de su compromiso con la comunidad.
Héctor Gaspar García, con 54 años de lucha, transformó el sector gruero en Torreón. Su empresa, Grúas y Servicios de la Laguna S.A. de C.V., sostiene 85 familias, encarnando servicio y tenacidad con el lema: “trabajar, trabajar, trabajar”.
En la Asociación Nacional de Empresarios Mexicanos de Grúas (AGRUAS), Héctor encontró un refugio. “En cinco años, AGRUAS nos unió más que CANACAR en 35”, dice, elogiando a Enrique Dueñas, su presidente, por su liderazgo.
Juntos, han enfrentado la competencia desleal y las regulaciones absurdas, soñando con un sector digno. La Expo Grúas 2025, del 18 al 20 de junio en Guadalajara, es su estandarte. “No voy a recibir, voy a aportar”, afirma Héctor, imaginando un evento que, aunque humilde, rivalizara con las ferias de Estados Unidos. “Es la única expo en Latinoamérica, queremos hacerla grande”, comenta, con la chispa de quien sabe que la unión hace la fuerza.

LA DIVERSIFICACIÓN NECESARIA
La diversificación es otro pilar de su éxito. Lejos de limitarse al arrastre, su empresa ofrece servicios a la Guardia Nacional y al tránsito local, con grúas industriales y accesorios especializados que responden a las demandas de los clientes. Esta versatilidad, junto con la baja rotación de su personal, refleja el ambiente de lealtad que Héctor ha cultivado. “Tengo clientes de hace 30 años, eso no se logra sin confianza”, asegura. Su filosofía de “trabajar, trabajar, trabajar” se convirtió en un mantra que ha guiado cada decisión, desde sortear crisis económicas sin grandes deudas hasta mantener un equipo unido y motivado.
Algo que distingue también a Héctor es saber ser agradecido y hace el reconocimiento a la ex Policía Federal de Caminos, hoy Guardia Nacional, así como al Centro de la SICT en Coahuila, al igual que a las autoridades municipales y estatales por el respaldo en todos los accidentes.
El reconocimiento otorgado en Expo Grúas, un galardón ganado con callos en las manos, ha sido más que un trofeo. Es el eco de 54 años de sudor, de noches sin dormir, de enfrentar desafíos con humildad y visión.
Héctor no se ve como un triunfador, sino como un hombre de lucha, un empresario que, con su familia y su equipo, ha llevado el nombre de Grúas y Servicios de la Laguna S.A. de C.V., a las carreteras federales y los corazones de Torreón.
“Gracias por contar mi historia”, le dijo a Legisladores de México, con una sonrisa que esconde décadas de esfuerzo. Su invitación a la expo, acompañada de fotos de sus grúas, es un gesto de orgullo por un legado que no solo mueve autos, sino vidas.
Héctor Gaspar García, con 54 años de trayectoria, no es solo un empresario; es un pilar del sector gruero, un hombre cuya tenacidad ha sostenido a 85 familias y transformado un oficio en un símbolo de servicio. En cada kilómetro recorrido por sus grúas, en cada rescate bajo la luna, su lema resuena: “trabajar, trabajar, trabajar”.
Y mientras el sol se pone sobre Torreón, las grúas de Héctor siguen rugiendo, un himno al esfuerzo que nunca se desvanece, un legado que inspirará a generaciones futuras.
