GERARDO CORTEZ GONZÁLEZ: EMPRESA QUE RESCATA VIDAS Y DIGNIFICA CARRETERAS REGIASCon 54 años de tenacidad, transformó un oficio en un símbolo de servicio desde Monterrey.
Por Diego Morales Heredia
Allá por 1971, en Monterrey bajo un cielo teñido por el humo de las fábricas, Gerardo Cortez González, de 30 años, con mirada de halcón y manos curtidas, enfrentó una encrucijada.
Criado entre el rugido de motores y el polvo de las carreteras de Nuevo León, decidió romper con el pasado. Junto a su hermano, fundó Grúas Monterrey, una empresa que no solo llevaría su nombre, sino su credo: honestidad inquebrantable.
“No seremos los más grandes, pero sí los más justos”, se juró, contemplando su primera grúa, una máquina tosca que susurraba desafíos.
“Si hay 40 grúas en un sector, añadir más nos rompe”. Las tarifas justas chocan contra un sistema que no encaja con la realidad del gremio. “Estamos dispuestos a colaborar, pero el sistema falla”
Así comenzó una saga que, 54 años después, lo coronaría como un titán de la industria, honrado por la Asociación Nacional de Empresarios Mexicanos de Grúas (AGRUAS) en la su Primera Expo de Grúas realizada en Guadalajara en el 2022.
Los inicios de Grúas Monterrey fueron un torbellino de esfuerzo. En un Monterrey vibrante, donde acereras y maquiladoras demandaban arrastre, remolques y montacargas, Gerardo se lanzó con tenacidad. Sus grúas, operadas por un equipo pequeño pero leal, se convirtieron en el alma de proyectos que alzaban la ciudad.
Pero la devaluación de 1994 trajo una sombra oscura. “Estábamos al borde del abismo”, recuerda Gerardo, su voz cargada de ecos de noches sin dormir. Las deudas pesaban, y el libre comercio traía incertidumbre. “Todas las empresas estábamos endeudadas”, dice, evocando reuniones febriles con su hermano.
Sin embargo, Gerardo no cedió. “Nos aferramos al cliente y sus necesidades”, con esta base establecimos el ISO 9000 en nuestra empresa cuyos pilares principales son:
MISIÓN:
“ Brindar soluciones especializadas y confiables en el manejo y traslado de maquinaria, vehículos y estructuras, de acuerdo a los requerimientos específicos de cada cliente, afirmando la solidez y prestigio de la empresa en su liderazgo profesional y en su responsabilidad social”.

POLÍTICA DE CALIDAD:
“Generar confianza en nuestros clientes con disponibilidad, seguridad y limpieza en el servicio, a través de personal capacitado, equipo y sistemas modernos de trabajo sustentado en la mejora continua”.
Además, recordando cómo rentaron equipos a empresas del giro, ofreciendo un servicio impecable que los mantuvo a flote. “La honestidad fue nuestra salvación”, sentencia.
Esa honestidad es el latido de Grúas Monterrey. Gerardo, con el porte de un patriarca regiomontano, inculcó valores grabados en el acero de su empresa: mejora continua, capacitación rigurosa, certificaciones al día. “El cliente es lo mas importante”, insiste, mientras recorre el patio donde sus grúas brillan bajo el sol.
Cada operador, entrenado con precisión, sabe que trabajar aquí es una misión. La tecnología refuerza esta visión: GPS, geolocalización en tiempo real, sistemas que registran desde fotos de siniestros hasta el minutaje de cada maniobra. “Todo está en orden, todo archivado”, dice Gerardo, con orgullo.
Aunque las grúas eléctricas no son viables aún —“Estamos probando una, pero el camino es largo”—, él mantiene la empresa en la vanguardia, con personal certificado en estándares de competencia y maquinaria, equipo y herramientas certificadas en normas nmx para estar actualizando y no rezagarse.
El camino está lleno de escollos. Las grúas sin permisos, un cáncer que corroe la industria, acechan con tarifas bajas y acuerdos turbios con autoridades carreteras. “Nos dejan indefensos”, confiesa Gerardo, su voz teñida de frustración.
Según AGRUAS, estas operaciones ilegales generan el 90% de las quejas por cobros excesivos, dañando a empresarios y usuarios. Los depósitos de vehículos, saturados por la inacción, son otro grillete. “Necesitamos regulaciones que se cumplan”, clama, evocando reuniones con autoridades que prometen pero no cumplen.
Gerardo propone estudios socioeconómicos para limitar permisos: “Si hay 40 grúas en un sector, añadir más nos rompe”. Las tarifas justas chocan contra un sistema que no encaja con la realidad del gremio. “Estamos dispuestos a colaborar, pero el sistema falla”, lamenta.
La profesionalización es su cruzada. “Ser eficiente es vigilar cada peso, cada alianza”, explica, revisando reportes en su oficina, donde fotos de grúas antiguas cuelgan como trofeos. Grúas Monterrey invierte en unidades modernas, pero Gerardo sabe que el cambio debe ser colectivo.

AGRUAS, fundada en 2019, ha sido un faro. “Nos une como familia”, dice, evocando cómo socios de Tijuana a Mérida comparten grúas ociosas, reducen costos y enfrentan problemas juntos. “Si tengo una unidad libre, otro la usa. Así ahorramos”, explica, con calidez.
Esta solidaridad lo enorgullece, y el reconocimiento en la Primer Expo de Grúas es un testimonio de su legado. “Es un honor, pero el trabajo no para”, afirma, con la humildad de quien levantó un imperio desde cero.
La IV Expo de Grúas que inicia el jueves 18 de junio, es un crisol de innovación que espera generar 450 millones de pesos, es una vitrina al futuro. Gerardo planea absorber tecnologías, explorar unidades de punta y compartir su experiencia con socios de México, Estados Unidos y Canadá. “Sus historias nos enriquecen”, dice, anticipando días de aprendizaje. Pero el horizonte internacional es turbio. Las políticas de EEUU, como exigir operadores bilingües, son un muro. “Es incierto, pero prepararemos a nuestro equipo”, promete, con la resiliencia que lo define desde 1971.
En Monterrey, las grúas de Gerardo levantan más que acero; son un faro. Mientras el sol se hunde tras la Sierra Madre, él contempla sus máquinas, marcadas por su visión: honestidad, esfuerzo, compromiso eterno.
La vida de Gerardo ha sido de entrega, esfuerzo y servicio, Es una historia, forjada en 54 años de lucha, es un canto al trabajo bien hecho, un testimonio de que el acero más fuerte se templa con verdad.
