MARISELA MORALES IBÁÑEZ
La primera mujer procuradora general de la República aborda temas de rigurosa actualidad sobre justicia y derecho.
Por Gabriel Ibarra Bourjac
“Abrir camino es importante, pero sostenerlo lo es aún más. Y sostenerlo implica trabajar todos los días con consistencia, con carácter y con resultados”.
“Si esa experiencia contribuyó a que más mujeres hoy estén en espacios de decisión, entonces se convirtió en algo más grande que un cargo: en una responsabilidad cumplida”, expresa la doctora Marisela Morales Ibáñez entrevistada por la Revista Legisladores de México.
Con la autoridad que otorgan más de tres décadas de carrera en el sistema de justicia mexicano, la doctora Marisela Morales Ibáñez aceptó conversar sin reservas sobre el presente y el futuro del sistema judicial del país.
Primera mujer en ocupar el cargo de Procuradora General de la República, su trayectoria la coloca como una de las voces más respetadas y con mayor experiencia en materia de procuración de justicia en México.
“Las mujeres aportamos una visión integral: firmeza para aplicar la ley y sensibilidad para entender su impacto social. Esa combinación es clave para fortalecer la justicia”.
Formada en la cultura del esfuerzo y con una visión forjada desde las trincheras del Ministerio Público, Morales Ibáñez transitó desde la atención de casos complejos en primera línea hasta la conducción de la institución federal encargada de combatir la delincuencia. Su gestión se caracterizó por impulsar la profesionalización, la coordinación interinstitucional y la investigación especializada en un periodo particularmente convulso de la seguridad nacional.
Hoy, desde una perspectiva apartada del poder ejecutivo, pero con profundo conocimiento del sistema, la exprocuradora analiza sin complacencias la reforma judicial, la elección popular de jueces, los retos del Sistema Penal Acusatorio y los obstáculos reales para reducir la impunidad.
Su mirada combina firmeza institucional con una convicción profunda: la justicia no se construye solo con leyes, sino con hombres y mujeres íntegros que la apliquen.
En esta entrevista, Marisela Morales Ibáñez habla con claridad sobre los riesgos de la actual transformación judicial, la importancia de la independencia y la preparación técnica, y envía un mensaje directo a las nuevas generaciones de abogadas: el liderazgo se conquista con resultados, con trabajo constante, asumiendo desafíos. Una voz autorizada que invita a la reflexión en un momento decisivo para el sistema de justicia mexicano.
“NUNCA LO ENTENDÍ COMO UN LOGRO INDIVIDUAL”
Usted fue la primera mujer Procuradora General de la República. ¿Qué significó ese momento?
Fue un momento profundamente significativo, no solo en lo personal, sino en lo institucional. Llegar a ese cargo implicaba asumir una responsabilidad histórica en uno de los momentos más complejos del país. Nunca lo entendí como un logro individual. Lo asumí como un compromiso con México: fortalecer a la institución, impulsar su profesionalización y dar resultados en un contexto de enorme exigencia. Durante esa etapa, se consolidaron esfuerzos importantes en materia de coordinación, capacitación y fortalecimiento de áreas estratégicas, particularmente en la investigación especializada. Abrir camino es importante, pero sostenerlo lo es aún más. Y sostenerlo implica trabajar todos los días con consistencia, con carácter y con resultados.
Si esa experiencia contribuyó a que más mujeres hoy estén en espacios de decisión, entonces se convirtió en algo más grande que un cargo: en una responsabilidad cumplida.
Hoy hay mujeres al frente de instituciones clave. ¿Cómo lo observa?
Es un momento relevante en la evolución institucional del país. La presencia de mujeres en espacios de decisión refleja una transformación que va más allá de lo simbólico. Quienes hemos tenido la oportunidad de encabezar instituciones sabemos que esos espacios exigen preparación, experiencia, firmeza y una gran capacidad de decisión. No es sencillo, pero es necesario que quienes lleguen lo hagan con trayectoria y resultados. Las mujeres aportamos una visión integral: firmeza para aplicar la ley y sensibilidad para entender su impacto social. Esa combinación es clave para fortalecer la justicia. Hoy, ver a más mujeres en esos espacios también es reflejo de un camino que se ha ido construyendo con esfuerzo, responsabilidad y resultados.

damas de Estados Unidos: Hillary Clinton y Michelle Obama.
“Durante mi gestión, uno de los enfoques fue precisamente fortalecer las capacidades técnicas y humanas de la institución, entendiendo que sin personal preparado no hay sistema que funcione, asimismo, se fortaleció el servicio profesional de carrera”.
¿Cómo evalúa la evolución del Ministerio Público en estos años?
Ha sido un proceso de avance gradual. Desde hace años se impulsó una base importante de profesionalización, capacitación y fortalecimiento institucional, que permitió preparar al Ministerio Público para enfrentar un sistema más exigente. Durante mi gestión, uno de los enfoques fue precisamente fortalecer las capacidades técnicas y humanas de la institución, entendiendo que sin personal preparado no hay sistema que funcione. Asimismo, se fortaleció el servicio profesional de carrera. Hoy el Ministerio Público enfrenta un entorno mucho más complejo, donde la exigencia es mayor y la responsabilidad también. El reto sigue siendo claro: traducir esa evolución en resultados concretos para la ciudadanía. Porque la justicia no se mide por los cambios en el papel, sino por su impacto en la vida real.
REFORMA PROFUNDA AL SISTEMA DE JUSTICIA
¿Cuál es su opinión sobre la reforma judicial y la elección de jueces por voto popular?
Estamos ante una transformación profunda del sistema de justicia, que debe analizarse con responsabilidad y visión de largo plazo. La participación ciudadana puede ser un elemento positivo, siempre que esté acompañada de información suficiente y de criterios que garanticen la idoneidad de quienes aspiran a impartir justicia. Desde mi experiencia en el sistema, puedo decir que la preparación, la experiencia, la sensibilidad y la independencia no son opcionales, son indispensables. Son los pilares que sostienen la confianza en las instituciones. El reto será encontrar un equilibrio entre apertura y rigor. Si ese equilibrio se logra, el sistema puede fortalecerse. Si no, se corre el riesgo de generar incertidumbre. Y en justicia, la certeza lo es todo.
En materia penal, ¿qué riesgos y oportunidades identifica en este modelo?
En el ámbito penal, cada decisión tiene consecuencias profundas. Se trata de libertad, de derechos y de seguridad. Desde mi experiencia en áreas especializadas de investigación, sé que la fortaleza del sistema radica en la solidez técnica de sus decisiones. Por eso, el principal desafío es preservar la independencia judicial y asegurar que las resoluciones se basen en datos de pruebas y en derecho. Al mismo tiempo, existe una oportunidad para fortalecer la confianza ciudadana mediante mayor transparencia y rendición de cuentas. El éxito dependerá de la implementación. El equilibrio entre técnica jurídica y legitimidad social será determinante.

¿El Sistema Penal Acusatorio ha cumplido sus objetivos?
El sistema tiene bases sólidas, pero sus resultados aún no reflejan todo su potencial. La principal área de oportunidad sigue siendo la implementación. A lo largo de los años, se ha insistido en la importancia de la capacitación y la coordinación entre operadores. Sin embargo, estos elementos no siempre se han consolidado como deberían. La justicia no falla en el diseño, falla en la operación. Por eso, el reto no es cambiar el modelo, sino fortalecerlo: profesionalizar, coordinar y dotar de herramientas a quienes lo aplican.
¿Qué lecciones del combate al crimen organizado siguen vigentes?
Hay principios que no cambian. El primero es la coordinación. Durante mi gestión, quedó claro que los mejores resultados se logran cuando las instituciones trabajan juntas, compartiendo información y estrategias, así como complementando sus capacidades. El segundo es la investigación científica. Sin inteligencia, no hay resultados sostenibles. Y el tercero es la integridad. En áreas tan sensibles, la confianza interna es tan importante como la capacidad operativa. La justicia se construye con estrategia, pero se sostiene con valores.
“EL CRIMEN NO DISTINGUE FRONTERAS”
¿Cómo ve la coordinación entre Federación y estados?
Es un aspecto que debe fortalecerse. Existen antecedentes que demostraron que la coordinación efectiva genera resultados, particularmente cuando se comparten herramientas y se trabaja bajo objetivos comunes. Hoy el reto es retomar esa visión de colaboración real, donde las capacidades institucionales se articulen. El crimen no distingue fronteras. La respuesta del Estado tampoco debería hacerlo.
¿Qué opina sobre la prisión preventiva oficiosa?
Es un tema que debe abordarse con equilibrio. La seguridad es una prioridad, pero también lo es el respeto a los derechos fundamentales. Desde la experiencia en la procuración de justicia, es claro que la fortaleza del sistema no está en endurecer medidas, sino en construir casos sólidos. La prisión preventiva debe ser excepcional, sustentada en investigaciones bien integradas. La justicia no se fortalece con más medidas, sino con mejores resultados.
“La justicia no falla en el diseño, falla en la operación. Por eso, el reto no es cambiar el modelo, sino fortalecerlo: profesionalizar, coordinar y dotar de herramientas a quienes lo aplican”.
¿Qué reformas considera prioritarias?
La prioridad es reducir la impunidad. Para ello, se requiere fortalecer a las instituciones y mejorar su capacidad operativa. Un Código Penal Único puede ser una herramienta clave para homologar criterios y facilitar la coordinación entre autoridades. La experiencia demuestra que cuando existen reglas claras y uniformes, el sistema funciona mejor.
“MODERNIZAR SIN PERDER CERTEZA JURÍDICA”
¿Qué cambios se requieren en la legislación actual?
El marco legal debe evolucionar al ritmo de la criminalidad. Hoy los delitos son más complejos, más técnicos y más sofisticados. Esto exige una actualización normativa que permita al Estado actuar con eficacia, pero siempre bajo control judicial. El equilibrio es fundamental: modernizar sin perder certeza jurídica.
¿Cuál es el principal obstáculo para reducir la impunidad?
El mayor desafío es la integridad institucional. Sin ética, ningún sistema funciona. A lo largo de mi carrera he visto que la preparación es importante, pero la integridad es determinante. La justicia no empieza en la ley, empieza en quienes la aplican. Ahí es donde realmente se define su eficacia.
¿Qué mensaje daría a las nuevas generaciones de abogadas?
Que construyan su camino con preparación y congruencia. El liderazgo no se obtiene por el cargo, se construye con trabajo y resultados. Mi propia experiencia me enseñó que cada paso cuenta, y que la constancia es la mejor aliada. El derecho necesita mujeres firmes, preparadas y comprometidas. Y cada una de ellas tiene la capacidad de transformar el sistema.
¿Cómo visualiza el futuro del sistema de justicia en México?
Visualizo un sistema más moderno, más eficiente y más cercano a las personas. Un sistema que aproveche la tecnología, pero que nunca pierda su esencia humana. El verdadero reto es generar confianza. Y la confianza solo se construye con resultados. A quienes legislan les diría que cada reforma debe tener un objetivo claro: servir a la gente. Porque al final, la justicia no se mide en leyes, se mide en la tranquilidad que le da a la sociedad.
¿Cuál es el principal obstáculo para reducir la impunidad?
El mayor desafío es la integridad institucional. Sin ética, ningún sistema funciona. A lo largo de mi carrera he visto que la preparación es importante, pero la integridad es determinante. La justicia no empieza en la ley, empieza en quienes la aplican. Ahí es donde realmente se define su eficacia.
¿Qué mensaje daría a las nuevas generaciones de abogadas?
Que construyan su camino con preparación y congruencia. El liderazgo no se obtiene por el cargo, se construye con trabajo y resultados. Mi propia experiencia me enseñó que cada paso cuenta, y que la constancia es la mejor aliada. El derecho necesita mujeres firmes, preparadas y comprometidas. Y cada una de ellas tiene la capacidad de transformar el sistema.
¿Cómo visualiza el futuro del sistema de justicia en México?
Visualizo un sistema más moderno, más eficiente y más cercano a las personas. Un sistema que aproveche la tecnología, pero que nunca pierda su esencia humana. El verdadero reto es generar confianza. Y la confianza solo se construye con resultados. A quienes legislan les diría que cada reforma debe tener un objetivo claro: servir a la gente. Porque al final, la justicia no se mide en leyes, se mide en la tranquilidad que le da a la sociedad.
“SOY UNA MUJER FORMADA EN LA CULTURA DEL ESFUERZO”
¿Quién es Marisela Morales Ibáñez, desde su propia perspectiva?
Soy una mujer formada en la cultura del esfuerzo, donde los valores no se negocian y el trabajo constante es la única ruta posible. Desde muy joven entendí que el derecho no es solo una profesión, es una responsabilidad profunda con las personas y con el país. Mi historia se ha construido paso a paso, desde mis inicios como agente del Ministerio Público, enfrentando casos complejos y entendiendo de primera mano lo que significa procurar justicia en el terreno, hasta asumir responsabilidades de mayor alcance dentro del Estado. Esa trayectoria me permitió formar una visión completa: la justicia no se teoriza, se vive y se ejerce. He aprendido que cada decisión tiene un impacto real en la vida de las personas. Por eso creo firmemente en el mérito, en la preparación constante y en la congruencia. Si tuviera que definirme, diría esto: soy una mujer que no se rinde y que entiende que la integridad es la única forma legítima de ejercer el poder.
