HACEDORES DE LA NACIÓN
Su legado se cristalizó en la Constitución de 1857, un eco de sus sueños juveniles que aún resuena en el México moderno.
Por Simón Macías Páez
A partir de esta edición, Legisladores de México estrena la sección «Hacedores de la Nación», un espacio dedicado a honrar a las figuras emblemáticas que, desde el Poder Legislativo, han marcado la historia de México. Con sus iniciativas, propuestas y visiones reformistas, estas personalidades han moldeado las instituciones del país, contribuyendo al gran debate nacional que les ha dado forma y sentido.
¿Quiénes son esos hombres y mujeres que han trascendido su tiempo?
Sus nombres, grabados en los muros de San Lázaro, resuenan como testimonio de su legado.
Algunos de ellos no pasaron por el Poder Legislativo, pero la brillantez de sus ideas lograron cambios y transformaciones que se plasmaron en instituciones que se han convertido en los fuertes pilares de este país.
Valentín Gómez Farías, médico de profesión y revolucionario
En los polvorientos pasillos del México decimonónico, donde las ideas chocaban como relámpagos en una tormenta, un hombre avanzaba con paso firme y el corazón encendido por un sueño imposible: transformar una nación aún tambaleante tras su independencia.
Valentín Gómez Farías, médico de profesión y revolucionario por vocación, no era un simple legislador; era un arquitecto de utopías, un titán que empuñaba la pluma como espada para esculpir el destino de México. En la galería de los «Hacedores de la Nación» en San Lázaro, su nombre brilla como un faro, recordándonos que las ideas valientes pueden desafiar el tiempo y cambiar la historia.
Valentín Gómez Farías destacó como legislador por su defensa del federalismo, su impulso a reformas liberales que sentaron las bases para la modernización de México y su lucha por un Estado laico y equitativo, dejando un legado perdurable en la historia política del país.
Corría 1833, y México, apenas liberado del yugo colonial, buscaba su rumbo entre las sombras de la tradición y los ecos de la modernidad. Gómez Farías, como presidente interino y líder moral del Congreso, se alzó como el alma de las Reformas Liberales. Con audacia casi temeraria, propuso desmantelar los privilegios del clero y el ejército, pilares intocables de un país anclado en el pasado.
Sus iniciativas —la secularización de la educación, la abolición de los fueros eclesiásticos, la eliminación del diezmo obligatorio— no eran meras leyes; eran un grito de libertad que resonaba en una nación temerosa del cambio. En el hemiciclo, su voz era un torrente: no solo hablaba, convencía, persuadía, encendía. Sus discursos, cargados de lógica y pasión, pintaban un México donde la justicia y la igualdad no fueran quimeras, sino cimientos sólidos.
Pero sus ideas no fueron recibidas con aplausos unánimes. Los conservadores, guardianes del viejo orden, lo veían como un hereje, un destructor de tradiciones. Cada iniciativa suya era una batalla; cada ley aprobada, una victoria arrancada de las garras del statu quo.
Exiliado, perseguido, pero jamás doblegado, Gómez Farías regresaba una y otra vez, como un río que erosiona la roca más dura. Su legado se cristalizó en la Constitución de 1857, un eco de sus sueños juveniles que aún resuena en el México moderno. No fue solo un legislador; fue el faro que iluminó el camino de la Reforma, un hombre cuyo nombre en San Lázaro no es un simple grabado, sino un recordatorio del poder transformador de las ideas.
Sus aportes como legislador
Valentín Gómez Farías (1781-1858) fue una figura clave del liberalismo mexicano, consolidándose como el “Padre de la Reforma” por su compromiso con el federalismo y la modernización del país. Sus aportes como legislador marcaron hitos en la historia política de México.
Promoción del Federalismo y la Constitución de 1824
Como diputado por Zacatecas en el primer Congreso Constituyente (1822-1824), Gómez Farías defendió con fervor el federalismo tras la caída del Imperio de Agustín de Iturbide. En las sesiones para redactar la Constitución de 1824, abogó por un sistema que otorgara autonomía a los estados, limitando el poder central. Según el historiador José María Luis Mora, Farías argumentó que el federalismo era esencial para un país diverso como México, donde las regiones necesitaban gobernarse según sus propias necesidades. Aunque inicialmente apoyó la coronación de Iturbide, tras la disolución del Congreso por este, se convirtió en su opositor y respaldó el Plan de Casa Mata, que instauró la República. Su influencia ayudó a consolidar la primera República Federal, un hito fundacional.
Reformas Liberales de 1833
Como vicepresidente y presidente interino (1833-1834), Gómez Farías impulsó las reformas radicales conocidas como la “Pre-Reforma”. En el Congreso, defendió leyes que desafiaban el poder de la Iglesia y el ejército: abolió el diezmo obligatorio, suprimió la coacción civil en votos monásticos y permitió al gobierno nombrar sacerdotes en curatos vacantes.

En una intervención memorable, según escritos de la época, argumentó que el monopolio eclesiástico sobre la educación frenaba el progreso y que un sistema público y laico era crucial para formar ciudadanos libres.
También abogó por limitar los fueros militares, insistiendo en la igualdad ante la ley. Estas medidas, aunque provocaron su exilio temporal, sentaron las bases de las futuras Leyes de Reforma.
Reforma Educativa
Gómez Farías transformó la educación mexicana al promover la creación de la Dirección General de Instrucción Pública, que secularizó el sistema educativo, rompiendo el control de la Iglesia. Cerró la Real y Pontificia Universidad de México y fundó instituciones clave como la Escuela de Ciencias Médicas (origen de la Facultad de Medicina de la UNAM), la Biblioteca Nacional y escuelas normales. Estas iniciativas modernizaron la educación, fomentaron el acceso de las clases populares y formaron maestros para un México en transformación.
Constitución de 1857
En 1856, como diputado por Jalisco y presidente del Congreso Constituyente, Gómez Farías jugó un papel crucial en la redacción de la Constitución de 1857, un pilar del liberalismo mexicano.
En los debates, según crónicas de contemporáneos como Ignacio Manuel Altamirano, defendió con pasión la separación entre Iglesia y Estado, la libertad de culto y la supresión de privilegios del clero y el ejército. En una sesión destacada, afirmó que “la libertad de conciencia y la educación laica son pilares de una nación moderna”. Sus posturas influyeron en artículos fundamentales de la Constitución, que consagraron la libertad de expresión, la educación pública y la laicidad.
Lucha contra el conservadurismo
A lo largo de su carrera, Gómez Farías enfrentó a las élites conservadoras, el clero y el ejército, que resistían sus reformas. Su oposición al Tratado de Guadalupe Hidalgo (1848) y su apoyo al Plan de Ayutla (1855) para derrocar la dictadura de Santa Anna reflejaron su compromiso con un México soberano y progresista. Su carácter inflexible y su visión progresista, destacados por José María Luis Mora, lo convirtieron en un símbolo del liberalismo.
Legado perdurable
Perseguido y exiliado en múltiples ocasiones, Gómez Farías nunca renunció a sus ideales. Su legado como “Padre de la Reforma” se consolidó con la Constitución de 1857, que reflejó sus sueños de un México laico, igualitario y moderno. En 1868, fue declarado “Benemérito de la Patria”, y desde 1933, sus restos descansan en la Rotonda de las Personas Ilustres. Su nombre, grabado en San Lázaro, no es solo un homenaje; es un recordatorio de que las ideas valientes, aun en tiempos de tormenta, pueden iluminar el camino de una nación.
En los anales de México, Valentín Gómez Farías permanece como un titán del liberalismo, un hombre que, con la pluma como arma y el corazón como brújula, desafió las sombras del pasado para forjar un futuro de justicia y libertad. Su vida no fue solo la de un legislador, sino la de un visionario cuyo eco aún resuena en los cimientos de la nación.
¿QUIÉN FUE VALENTÍN GÓMEZ FARÍAS?
“Valentín Gómez Farías es un hombre que cuando es comparado con las personalidades más sobresalientes del país, logra atraer y sostener la atención del público. Su carácter inflexible, su estricta moral, su conducta moral, su conducta vertical y su ardiente deseo de mejorar, determinan de inmediato la opinión en que se le tiene […] Sus principios han sido desde siempre los del progreso rápido y radical. Estos son los principios que se conforman al fuego de su imaginación y al enérgico temple de su mente”
JOSÉ MARÍA LUIS MORA
SACERDOTE, POLÍTICO, IDEÓLOGO E HISTORIADOR

