LO GROTESCO EN EL CINE
En 1932, surge la muestra más elaborada del cine con matices grotescos con “Freaks”, del director Tod Browning.
Por Aldo Fulcanelli.
Luis Buñuel y Salvador Dalí, dieron cátedra de lo grotesco mostrando a una res, o una mano avanzando sola por el pavimento en: “Un chien andalou” (1929), mientras que el surrealismo planteaba el poder de lo sobrenatural en lo onírico, y de ahí a la creación artística.
En 1932, surge la muestra más elaborada del cine con matices grotescos con “Freaks”, del director Tod Browning.
El director, quien había realizado la célebre “Drácula”, se aleja por mucho del cine de horror en “Freaks”, planteando un guion insolente donde las personas de apariencia “normal” son capaces de realizar actos de maldad fuera de serie, mientras que los personajes aquejados de alguna deformidad física, demuestran una lealtad ilimitada.
Por su contexto, “Freaks”, al contrario de ser una cinta de horror, busca enaltecer los valores humanos ofreciendo una moraleja palpitante acerca de las apariencias, frente a la realidad. Sin embargo, por haber recurrido el director a personajes reales que sufrían enanismo o diversos tipos de deformidad, la cinta fue enlatada y prohibida en muchos lugares del mundo; hasta los presentes años de reivindicación y reconocimiento.
Otras claras muestras de lo grotesco en el cine son: “Saló, o los 120 días de Sodoma”, de Pier Paolo Pasolini, donde basándose en textos del Marqués de Sade, el director elevó los excesos a grado subliminal, aún cuando se percibe que la intención de fondo, era denunciar los abusos del fascismo.

También “El inquilino” (1976), de Roman Polanski, es una pieza maestra que vibra desnudando la agonía de una mente frágil, azotada por la angustia en medio de escenarios tan malévolos como asfixiantes. Antes, en 1970, Alejandro Jodorowsky desconcertó con su cinta: “El topo”, vibrante pieza cinematográfica que utilizó de nuevo a seres deformes; para dar un mensaje de paz, pleno de una mística heroicidad.
De claro matiz surrealista, y una innegable influencia buñueliana surge: “Eraserhead” (1977), del director David Lynch, una clara muestra de grandes e ilimitados recursos visuales. El mismo director crearía años después, en 1980, “El hombre elefante”, donde igualmente la deformidad del protagonista, va de la mano con un claro mensaje sobre la dignidad o la solidaridad humana.
La permanencia de lo grotesco en la pintura, el cine o el teatro son más que evidentes a través de la historia, equivalen a una estética que reclama su espacio directamente de las sombras, y los resquicios más ocultos del acontecer humano.
