EL BOLSILLO CONTRA EL RELATO DE PROSPERIDAD
El problema más serio del gobierno aparece cuando la promesa de prosperidad se encuentra con las cuentas del hogar.
Por Simón Macías Páez
Las elecciones del 3 de noviembre pondrán a prueba el poder de Donald Trump. El malestar por el costo de vida, la guerra con Irán y las preguntas sobre Epstein ofrecen a los demócratas una oportunidad. Pero la oposición debe demostrar que puede gobernar para la mayoría en una contienda atravesada por el dinero empresarial, las presiones del lobby proisraelí y la disputa por las reglas democráticas.
Donald Trump llegará a las urnas de noviembre con una pregunta que sus adversarios buscan colocar en el centro de la campaña: ¿el país está mejor después de sus promesas de prosperidad, seguridad y paz? La respuesta se construye en el supermercado, en el pago de la vivienda y en la inquietud de familias que ven prolongarse una guerra. Allí comienza el desgaste político, mucho antes de que un ciudadano marque su boleta.
No estará en juego la Presidencia, pero sí la libertad con la que Trump podrá ejercerla durante sus dos últimos años de mandato. Un Congreso adverso podría exigir documentos, citar a funcionarios y poner obstáculos a su agenda. La elección ofrecerá al electorado una oportunidad de limitarlo sin esperar a 2028. Ese es el peso político de las intermedias: decidir cuánto poder conservará un presidente que suele tratar los contrapesos como enemigos.
La renovación de los 435 representantes y de 35 escaños del Senado puede cambiar la relación entre la Casa Blanca y el Congreso. También se disputan 36 gubernaturas estatales. Detrás de esos números hay decisiones sobre presupuestos, programas sociales, nombramientos y vigilancia del gobierno.
Tener mayoría significa disponer de herramientas para convertir prioridades políticas en acciones; perderla obliga a negociar y a dar explicaciones.

LAS ENCUESTAS ABREN UNA OPORTUNIDAD OPOSITORA
Reuters/Ipsos situó el 5 de octubre la aprobación presidencial en 32%. Entre votantes registrados, los demócratas alcanzaron 44% de preferencia para el Congreso y los republicanos 37%. Otras mediciones, como CBS/YouGov, también apuntan a una ventaja demócrata.
La fotografía es incómoda para un presidente que hizo de su capacidad de ganar una parte central de su identidad.
Los republicanos afrontan una tensión difícil. Necesitan a la base más leal a Trump, pero en las contiendas cerradas también necesitan ciudadanos cansados de él. Tomar distancia del presidente puede provocar enojo entre sus seguidores; defender todas sus decisiones puede alejar a los indecisos. La disciplina partidista deja de ser una ventaja cuando impide reconocer errores que el ciudadano ya percibe.
EL BOLSILLO CONTRA EL RELATO DE PROSPERIDAD
El problema más serio del gobierno aparece cuando la promesa de prosperidad se encuentra con las cuentas del hogar. AP-NORC registró 26% de aprobación al manejo económico de Trump y apenas 17% a su gestión del costo de vida. La gente no necesita dominar el lenguaje de los economistas para saber que su salario alcanza menos o que las oportunidades de empleo se han vuelto más inciertas.
La economía todavía crecía en el segundo trimestre, mientras septiembre mostró una contratación débil. Por eso sería incorrecto dar por confirmada una recesión. La diferencia tiene importancia política: exagerar una crisis puede quitar credibilidad a la oposición, pero invocar el crecimiento para desestimar el malestar familiar también puede castigar al gobierno.
Trump prometió que su regreso mejoraría la vida de los estadounidenses. Frente a esa contradicción, culpar siempre a gobiernos anteriores, adversarios o factores externos tiene un límite. Quien reclama el mérito de cada buena noticia difícilmente puede eludir la responsabilidad por todo lo que sale mal.

LA GUERRA Y EL COSTO DE LA FUERZA
La guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán llega a su octavo mes. Para un presidente que se presenta como hombre capaz de alcanzar acuerdos y terminar conflictos, la duración de la intervención es una contradicción política. La demostración de fuerza puede impresionar durante unos días; sostener una guerra exige explicar qué se busca y cómo se piensa salir de ella.
El 6 de octubre Trump afirmó que nadie sabía quién dirigía Irán. La declaración deja una pregunta inevitable: si Washington no tiene claro quién puede responder del otro lado, ¿cómo piensa alcanzar una salida? El lenguaje desafiante no resuelve esa incertidumbre. Tampoco la resuelve cambiar de horizonte cada vez que la realidad contradice una promesa.
El conflicto vuelve a casa a través de los combustibles, la preocupación por una escalada y las decisiones sobre recursos públicos. Cada vez que se pide paciencia para una operación exterior, el ciudadano puede preguntarse por qué falta urgencia para atender sus necesidades. No todos rechazarán la intervención, pero todos tienen derecho a exigir objetivos y cuentas claras.
MAMDANI Y NEWSOM ANTE LAS CONTRADICCIONES DE TRUMP
Zohran Mamdani, alcalde de la ciudad de Nueva York, representa una izquierda que intenta poner vivienda y servicios en el centro de la política. Gavin Newsom, gobernador de California, ofrece otro tipo de oposición: la confrontación nacional desde un estado con recursos y peso económico. Comparten un adversario, pero no necesariamente todas las respuestas.
Mamdani combina resistencia y negociación. Nueva York encabeza una demanda contra una regla federal que afecta a inmigrantes, mientras el alcalde mantiene conversaciones con Trump para obtener beneficios para la ciudad. Esa relación puede resultar incómoda para quienes esperan enfrentamiento permanente, aunque gobernar también obliga a buscar soluciones con personas a las que se critica.
La cordialidad presidencial hacia Mamdani revela una contradicción del mensaje republicano. Mientras dirigentes de su partido presentan al socialismo democrático como una amenaza, Trump elogia al alcalde como posible gran gobernante. El presidente puede llamar peligroso a un sector y tratar cordialmente a uno de sus representantes cuando le conviene construir una escena de negociación.
Newsom ha optado por una comunicación más combativa y por defender políticas de California frente a Washington. Su administración presenta medidas sobre inmigración, libertad de prensa y corrupción como parte de esa resistencia. Su proyección nacional, sin embargo, dependerá también de que convenza a los ciudadanos de que sabe resolver problemas y no sólo disputar titulares.

SANDERS Y LA PREGUNTA QUE INCOMODA A AMBOS PARTIDOS
Bernie Sanders mantiene una crítica que va más allá de Trump: la concentración del dinero está concentrando también las decisiones políticas. Para el senador por Vermont, la democracia pierde fuerza cuando unas pocas fortunas pueden determinar quién tiene posibilidades de competir y qué temas reciben atención.
Sus propuestas sobre impuestos y tecnología incomodan a republicanos cercanos al gran capital y a demócratas que dependen de grandes financiadores.
Sanders es una de las voces opositoras más constantes, aunque la resistencia no pertenece a un solo dirigente. Su importancia está en ofrecer una explicación política del malestar: muchas personas sienten que las instituciones escuchan con mayor rapidez a quienes poseen dinero. La respuesta que plantea exige cambiar prioridades, no sólo sustituir rostros.
LA DERROTA QUE TRUMP TENDRÍA QUE ACEPTAR
El presidente no puede cancelar por decisión propia las elecciones ni declarar nulos todos sus resultados. El riesgo político está en otro terreno: presionar a funcionarios, desacreditar el conteo o instalar la idea de fraude sin pruebas. Una derrota puede ser reconocida o puede utilizarse para abrir una nueva batalla contra las instituciones.
Reuters documentó investigaciones impulsadas por aliados de Trump sobre supuestas manipulaciones de máquinas de votación, sin hallar evidencia que las acreditara. Ese antecedente obliga a exigir pruebas antes de aceptar denuncias de fraude y a distinguirlas de las reclamaciones legítimas.
No hay evidencia suficiente para afirmar que Trump busque anular noviembre por temor a ir a prisión. La derrota de su partido no terminaría su mandato ni lo enviaría automáticamente a la cárcel. Su condena neoyorquina recibió en enero de 2025 una sentencia sin prisión ni multa; las investigaciones políticas y los procedimientos penales siguen caminos diferentes.
