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18 de agosto de 2026
OPINIÓN

CLAUDIA SHEINBAUM: Respuesta prudente e inteligente a agravios

DE PRIMERA MANO

Por Francisco Ruiz Quirrín

Claudia Sheinbaum ha sido víctima de feroces ataques e insultos, luego de su evidente derrota al no lograr que su alfil, Omar García Harfuch, se convirtiera en el candidato de MORENA  a la Jefatura de gobierno de la ciudad de México, a pesar de haber ganado ampliamente la encuesta popular llevada a cabo por su propio partido.

“Marioneta” y “títere” de López Obrador, entre otras lindezas, tallaron la imagen pública de la virtual candidata a la Presidencia de la República. Sin embargo, habría que poner sobre la mesa, la mesura, prudencia e inteligencia que esta mujer estaría mostrando al asumir una actitud, digamos “sumisa” y disciplinada ante la inocultable voluntad de palacio nacional.

Tampoco es secreto para nadie, esa farsa de AMLO al entregar el “bastón de mando” a doña Claudia, porque sólo entregó un trozo de madera, pero jamás el poder que ejerce, seguirá ejerciendo hasta el último minuto de su mandato y que pretende continuar más allá de su sexenio.

La historia, la gran maestra de la vida, nos ha dejado varias enseñanzas acerca de las decepciones del Presidente saliente acerca de su sucesor en la etapa de la candidatura, escenario que llevó a pensar a algunos en cambiar de candidato o, de plano, hacerlo a un lado.

A estas alturas del sexenio, tampoco están en tela de duda los delirios de López Obrador y su enfermiza adicción al poder, lo que está construyendo la verdadera “cuarta transformación” que, para los años futuros, se convertirá en la cuarta edición del partido político de Estado. Plutarco Elías Calles creó el Partido Nacional Revolucionario, Lázaro Cárdenas el Partido de la Revolución Mexicana, Miguel Alemán el Partido Revolucionario Institucional y, en su cuarta edición, MORENA. Esta es la verdadera “4-T”.

Porque AMLO nos hace recordar a los omnipresentes presidentes de aquel viejo PRI, como Luis Echeverría y Carlos Salinas de Gortari, quienes no permitían se moviera una hoja del árbol de la política, sin su voluntad.

El Presidente Gustavo Díaz Ordaz montó en cólera cuando en 1970, el candidato Echeverría convocó a un minuto de silencio por los muertos del 2 de octubre de 1968, durante una visita que realizó en la Universidad Nicolaíta de Morelia, en el estado de Michoacán. Pensó en cambiar de candidato, pero desistió al valorar la situación.

Francisco Cruz, el autor del nuevo libro “Las Damas del Poder” (Editorial Planeta, 2023) revela que el Presidente Echeverría pensó en eliminar al candidato José López Portillo, durante la campaña del año 1976, al enterarse del romance entre su seguro sucesor y Rosa Luz Alegría, quien había sido esposa de su hijo mayor, Luis Vicente. Ella se convirtió durante el sexenio 1976-1982, en la primera mujer mexicana en ocupar una secretaría de Estado. Era la época en que el candidato del PRI no tuvo ningún opositor y la idea fatal desapareció.

Lamentablemente, la fatalidad se dio con nuestro paisano, Luis Donaldo Colosio Murrieta, asesinado el 23 de marzo de 1994 en Tijuana, Baja California, siendo candidato del PRI a la Presidencia.

Carlos Salinas de Gortari, era entonces un Presidente que deseaba coordinar la campaña de su sucesor desde Los Pinos, echando al olvido la regla no escrita de que, al haber candidato del partido en el poder, éste último asumía el poder político y el mandatario saliente respetaba tal decisión, poniendo distancia de por medio.

En ese caso no fue así. “Alguien” (se dijo que Manuel Camacho Solís, frustrado aspirante a la candidatura presidencial, influyó mucho en esa versión) puso veneno en el clima político de fines de 1993 y principios de 1994, enrareciéndolo, y dibujando el escenario para que se produjera el atentado en Lomas Taurinas contra Luis Donaldo.

Si no fue instrucción de Salinas el asesinato, sí fue una horrible omisión, porque pudo haberlo cuidado mucho más. Sin embargo, “alguien”, le recordó a Salinas que la historia enseñó que cuando un sonorense llegaba al poder, no lo soltaba y ahí estaban los ejemplos de Adolfo de la Huerta, Álvaro Obregón, Plutarco Elías Calles y Abelardo L. Rodríguez.

Desde luego, la verdad nunca se sabrá con certeza, pero siempre quedará la duda respecto a una rebeldía o sumisión de Colosio a Salinas. Porque si el sonorense hubiera aceptado que el entonces hombre del poder insaciable le coordinara la campaña como era su deseo, ¿se hubiera dado el atentado?

En los tiempos que hoy vivimos, un hombre como López Obrador actúa de manera muy similar a aquellos presidentes del PRI, monarcas a modo desde el poder. Por ello, ¿alguien tiene motivos para pensar que Claudia Sheinbaum no está agraviada, tras de que se operó desde palacio nacional que el tribunal electoral determinara nominar a cinco mujeres y a cuatro hombres, como las y los candidatos de MORENA al mismo número de gubernaturas en juego el año venidero?

¿O ustedes creen que no fueron avisos para la virtual candidata presidencial, el que horas antes de la decisión a favor de Clara Brugada, el “New York Times” reveló que la Procuraduría de Justicia de la Ciudad de México espiaba a políticos? ¿Y que García Harfuch sería citado a declarar por este tema ante la autoridad?

Sin embargo, tanto doña Claudia como el carismático Omar (no lo quiere el Presidente porque es nieto del General Marcelino García Barragán, actor estelar en los acontecimientos del 2 de octubre del 68 e hijo de Javier García Paniagua, quien firmara en la década de los ochenta como presidente del PRI) se han mantenido serios, formales, disciplinados y callados. Incluso García Harfuch (ganador indiscutible de la encuesta con 14 puntos de diferencia con la señora Brugada) escribió que “siempre respetaría la paridad de género y que deseaba todo el éxito a su compañera”, designada candidata de MORENA a la jefatura de gobierno de la capital del país.

Ante las enseñanzas de la historia y el temor de repetirla, se decidió por estos personajes “poner el lomo”, recibir los calificativos de “marioneta y títere” del Presidente, pero seguir adelante con la campaña.

Allá en lo más intrínseco de su ser, doña Sheinbaum conservará ese agravio. Y como mujer que es, podría llegar a perdonar, pero jamás a olvidar.

 

 

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