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1 de mayo de 2026
OPINIÓN

Formar capital social

PARA QUE LA DEMOCRACIA FUNCIONE

Por Marco Vinicio Rodríguez Quintero

Recordar este clásico de la ciencia política publicado en 1993 siempre resulta oportuno, pues aporta una extraordinaria investigación que busca mostrar por qué algunos gobiernos tienen éxito y otros fracasan. Esta es una pregunta que frecuentemente nos hacemos, buscando construir mejores proyectos de gobierno. Putnam aprovechó la instauración de 15 gobiernos regionales en 1970 todos con estructuras y mandatos similares, realizando distintos estudios durante dos décadas para encontrar evidencias sobre los factores que caracterizan a los gobiernos y sociedades más eficaces.

La oportunidad de estudiar este período de Italia permitió adentrarse en los orígenes de la efectividad gubernamental y el poder del cambio institucional para rediseñar la vida política, así como determinar las implicaciones que tiene el contexto social. El cambio de Italia desde un enfoque centralizado hacia uno descentralizado fue una transformación desafiante que involucró luchas políticas e ideológicas, resultando en una nueva forma de gobernar y de hacer política, más orientada al pragmatismo y la descentralización.

A lo largo de 20 años, la distancias entre los partidos que mantenían diferencias irreconciliables se fueron reduciendo y los líderes regionales relajaron las tensiones rumbo al acuerdo. Los teóricos de la democracia referidos por Putnam, coinciden en que “la característica clave de una democracia es la capacidad de respuesta continua del gobierno a las preferencias de sus ciudadanos”.

Para medir el desempeño institucional, el autor utilizó 12 indicadores, entre los que destacan: la estabilidad del gabinete, la puntualidad del presupuesto, servicios estadísticos con que cuente el gobierno, las reformas e innovación legislativas, estancias infantiles, clínicas familiares, instrumentos de política industrial, vivienda y desarrollo urbano, así como capacidad de respuesta de la burocracia.

Así, algunos gobiernos regionales son más exitosos que otros y más eficaces en su operación aun cuando presentaron estructuras similares y recursos legales o financieros equivalentes. La región norte ha tenido más éxito que la región sur bajo dos posibilidades: la primera es la modernidad socioeconómica y la segunda la comunidad cívica, es decir los patrones de participación social o cívica.

De acuerdo con el autor la modernidad económica está relacionada con las instituciones públicas de alto desempeño, pero no es posible determinar si la modernidad es una causa del desempeño o si el desempeño es una causa de la modernidad. Por ello se plantea la exploración empírica para determinar si el éxito de un gobierno democrático depende de qué tanto se acerca la sociedad al ideal de comunidad cívica, entendiéndose esta como una comunidad que participa en asuntos públicos, que practica una igualdad política en derechos y obligaciones, que existe solidaridad, confianza y tolerancia o si se dan las asociaciones comunitarias como estructuras para la cooperación.

Se buscaron además en el estudio otras posibles explicaciones como la estabilidad social, la educación, el urbanismo, la estabilidad del personal en el gobierno y el papel del Partido Comunista Italiano. Sin embargo, el hallazgo principal es que el contexto cívico tiene una relación con la forma en que operan las instituciones.

Putnam explora las raíces cívicas y cómo se construyeron estas culturas, destacando que en los campos del norte de Italia se mantuvo una ética de responsabilidades mutuas y en el sur la comunidad estuvo caracterizada por una visión feudal, autócrata con redes verticales y una política clientelar, mucho menos civil que en el norte.

La pregunta clave es: ¿Hasta qué punto las tradiciones de vida cívica arraigadas influyen en el desempeño institucional? Putnam reconoce que es raro encontrar correlaciones tan sólidas en las ciencias sociales, y concluye que la economía no predice lo cívico, sino que lo cívico predice la economía de manera más efectiva.

Putnam introduce el concepto de Capital Social para describir las características de la organización social como la confianza y las redes que facilitan las acciones coordinadas. Cuanta más confianza exista, mejora la comunicación y estas conexiones sociales evitan problemas de información imperfecta. Cuando hay cooperación entre el legislativo, ejecutivo, gobierno y grupos privados, la confianza facilita la cooperación.

Es clave que las normas de reciprocidad y compromiso cívico sean inculcadas y mantenidas por medio de la socialización, la educación cívica y las sanciones. Una reciprocidad se basa en la lógica de “haré algo por ti ahora, sabiendo que, en algún momento a futuro, tú harás algo por mí” y esto genera un alto capital social.

Refiriéndose a nuestra situación en América, señala que, aunque Estados Unidos y Latinoamérica comparten estructuras constitucionales, recursos similares y oportunidades, los norteamericanos heredaron tradiciones cívicas mientras que los latinos recibimos un legado de dependencia vertical y explotación española, idea que recientemente Acemoglu y Robinson retomaron en su libro Por qué Fracasan los países (2012).

Finalmente se concluye que formar capital social no es fácil pero es la clave para hacer que la democracia funcione: “Cuanto más cívico es el contexto, mejor es el gobierno”.

 

Marco Vinicio Rodriguez Quintero

Es Licenciado en Administración de Empresas (Universidad de Guadalajara) y estudió la Maestría en Política y gestión Pública en el ITESO. Ha sido servidor público desde 1998 y consultor en estudios de opinión.

 

 

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