FIGURAS DEL NUEVO ORDEN DIGITAL; LA ASPIRACIÓN DE MILES DE ADOLESCENTES
El oficio del influencer emerge desde las profundidades del internet, ofreciendo fama y fortuna a costa de lo que sea.
Por Aldo Fulcanelli.
Desde inicios del 2025 hasta agosto del 2026, han muerto alrededor de 100 influencers y creadores de contenido en el mundo. Las circunstancias trágicas de los decesos, obligan a hacerse una pregunta crucial en estos tiempos: ¿vale la pena ofrendar la vida por unos likes?
Muertes en tiempo real por ejecuciones, desafíos o challenge, así como accidentes, nos llevan a entender que el extraño oficio de ser influencer en siglo XXI; se ha convertido en una ocupación de alto riesgo.
El falso oropel de los likes y la monetización, han llevado a cientos de jóvenes a rebasar todos los límites establecidos: puede ser desde beberse una botella de vino en tiempo récord, arrojarse de un quinto piso, e incluso; golpear e insultar a extraños, la amenaza influencer no concibe ninguna clase de pudor.
En un mundo donde las redes sociales lo han invadido todo, incluso, modificado para siempre las relaciones humanas sin ninguna regulación de por medio, el oficio del influencer emerge desde las profundidades del internet, ofreciendo fama y fortuna a costa de lo que sea.
Incluso los grandes gigantes comerciales, han modificado sus manuales de mercadotecnia para dar cabida a los Influencers. También, las universidades han abierto la oferta académica a nuevas profesiones que enaltecen la importancia de las redes, todo es parte de un mundo en constante expansión, pero la dignidad, el respeto por la vida, no son monedas de cambio.
Hoy en América Latina y gran parte del mundo occidental, ser influencer es una aspiración para miles de adolescentes, aquellos que son atraídos como abejas a la miel por ese mundo de fama y fortuna, donde ser reconocido es el mejor antídoto contra la falta de sentido de pertenencia.
Incluso, la autoridad o el poder el Estado, se han visto rebasados hoy por la fuerza ilimitada de los Influencers, también los políticos incursionan con éxito en ese mundillo de likes y reacciones, cuyo fondo grotesco es la fatal adicción a las redes sociales.
Para abonar a dicha problemática, de manera reciente el CEO de META, el sempiterno Mark Zuckerberg, ha tenido que enfrentar un juicio en los Estados Unidos. El rubio héroe de las redes sociales, visto por muchos como el gran vanguardista y filosofo del algoritmo, ha sido acusado por varios Estados de la Unión Americana, de generar adicción en los jóvenes a través de sus plataformas.
Para evitar un veredicto adverso, y la sobreexposición mediática, Zuckerberg, aceptó pagar cerca de 18 mil millones de dólares durante 10 años. Si bien es cierto, la cifra por sí sola parece exorbitante, en realidad para META, una empresa que genera jugosos dividendos, dicho pago a parcialidades representa poca cosa. Pero lo que está realmente en juego, es la salud mental de millones de personas, que han hecho de las redes sociales su única ventana al mundo.

Dentro de esa problemática emergen los Influencers, que aparecen como el engendro algorítmico, les enfants terribles, al final; también víctimas de la falsa promesa de felicidad que otorgan las redes sociales.
Y un fenómeno imposible de obviar, es el asesinato de al menos 19 creadores de contenido entre 2024 y agosto del 2026 en México.
Los likes y la aprobación pública que estos conllevan, son también pagados con sangre en nuestro país: así lo revelan las muertes violentas de Valeria Márquez, Camilo Ochoa “El alucín”, Esmeralda Ferrer, Gerardo Moya, entre muchos otros, así como el más reciente y estremecedor; el asesinato de César Gastélum. Este último, fue de hecho ejecutado durante una transmisión en vivo, siendo su caso digno de analizar por la brutalidad con la que fue victimado.
El caso de Valeria Márquez no es distinto. También fue ejecutada mientras realizaba una transmisión en vivo, la muerte en vivo de una persona, nos recuerda Christine Chubbuck, quien se quitó la vida frente a las cámaras de televisión en 1974. Antes de eso, algo así solo tendría lugar en la más horrenda de las ficciones distópicas, hoy, con el estandarte antihéroe de los Influencers; es una triste realidad.
La masificación de las redes sociales, y el culto a la popularidad impuesto por estas, implica a una parte de la sociedad convertida en rebaño, un rebaño hambriento de likes. También, un espacio que solía ser reservado para los más avezados intelectualmente hablando -el de la discusión bajo el dominio de la razón-, hoy en manos de verdaderos patanes que de todo saben, menos de civilidad.

EL CASO DEL FOFO MÁRQUEZ
Un ejemplo de los excesos de los Influencers, es el caso del tristemente célebre “Fofo Márquez”. El 08 de julio del 2022, Márquez se atrevió a cerrar el puente “Matute Remus” en Guadalajara, para grabar un video de TikTok. Luego de provocar un caos vial, recibió la sanción de un juez, pero el daño estaba hecho, y el hambre de fama del influencer también satisfecha. La salvajada de Márquez se volvió viral, pero no tanto como cuando él mismo; golpeó brutalmente a una mujer en un estacionamiento de Naucalpan, y por tal motivo fue condenado a 17 años de prisión; un caso para el análisis de cualquier experimentado psiquiatra.
La fiebre influencer no es privativa de un solo país, ha florecido en la mayoría, siempre al amparo de una evidente ruptura de toda ética. En el peor de los casos, la violencia que hoy es parte de las redes, y amenaza con normalizarse, es ahora mismo replicada por adolescentes que ni en sus hogares, ni tampoco en sus círculos sociales; encuentran la plenitud que un like sí les ofrece. Ante tal acometida, habrá que preguntarnos si los gobiernos, autoridades educativas, sociedad civil organizada, estamos haciendo lo correcto: exigir la regulación urgente de las redes sociales, así como la prohibición de los llamados challenge, y toda clase de “experimentos sociales” que conlleven violencia, o cualquier atentado contra la dignidad de las personas.
Hoy que la popularidad ha sustituido a la razón, urgen políticas públicas que promuevan la socialización, la interrelación de las personas, en un mundo cuya catástrofe social exige la cooperación de todos. Es realmente irónico, incluso desde el más oscuro de los sarcasmos, que las plataformas sean llamadas redes sociales, cuando está visto que es lo más antisocial que existe. Lo anterior es una reflexión desde el sentido común que, por cierto, hoy es el menos común de los sentidos.
