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21 de abril de 2026
ESTILO DE VIDA

José María Morelos y Pavón el deseo de salvar a la patria

LOS DISCURSOS QUE NOS DIERON PATRIA

13 de septiembre de 1813.

(Segunda parte)

 

Jorge Alberto Bañuelos Romero

Señor. Estamos metidos en la lucha más terrible que han visto las edades de este continente; pende de nuestro valor y de la sabiduría V.M. La suerte de seis millones de americanos, comprometidos en nuestra honradez y valencia; ellos se ven colocados entre la vida o la muerte entre la libertad o la servidumbre.

¿Decid ahora si es empresa difícil la que hemos acometido y tenemos entre manos? Por todas partes se nos suscita enemigos que no se detienen en los medios de hostilizarnos, aunque reprobados por el derecho de gentes, consignan el fin de esclavizarnos.

El veneno, el fuego, el hierro, la perfidia, la cábala, he aquí las baterías que nos asestan y con que nos hacen la guerra más ominosa. Pero aún tenemos un enemigo más funesto, más atroz e impecable, y ese habita en medio de nosotros. Son las pasiones que despedazan y corroen nuestras entrañas, nos destruyen interiormente y se llevan además al abismo de le perdición innumerables víctimas; pueblos hechos el vil juguete de ellas. ¡Buen Dios! Yo tiemblo al figurarme los horrores de la guerra, pero aún me estremezco más al considerar los de la anarquía.

No permita Dios que mi lengua emprenda describir menudamente sus estragos desastrosos, pues sería llenar a V.M. de concertación, que debemos alejar en este fausto día, ceñirme a asegurar con confianza que los autores de ella son reos delante de Dios de la sangre de sus hermanos y más culpables aún que sus mismos enemigos.

¡Ah, tiemblen los motores y atizadores de esta llama infernal, al considerar a los pueblos envueltos en las desgracias de una guerra civil, por haber  fomentado caprichos!

¡Tiemblen al contemplar la espada vengadora de sus derechos, entrada en el pecho de su hermano; tiemblen, en fin, al ver de lejos a sus enemigos, a esos, crudelísima europeos, riéndose y celebrando con el regocijo de unos caribes, sus desdichas como el mayor de sus triunfos!

Este cúmulo de desgracias reunidas a las que personalmente han padecido los heroicos caudillos libertadores del Anáhuac oprimido, ya en las derrotas, ya en la fuga, ya en los bosques, ya en las montañas, ya en los márgenes de los ríos caudalosos, ya en los países calidísimos, ya careciendo hasta el alimento preciso para sostener una vida miserable y congojosa, lejos de arredrarlos sólo han servido para atizar más y más la hermosa y sagrada llama del patriotismo y exaltar ese noble entusiasmo.

Déjenme repetirlo: Todo les ha faltado alguna vez, menos el deseo de salvar  la Patria.

Los defensores de ella, ¡ah, recuerdo tiernísimo para mi corazón! Han mendingado el pan de la choza humilde de los pastores y enjugado sus labios con el agua inmunda de las cisternas.

Pero ¡oh, misericordias del Altísimo!, todo ha pasado como pasan las tormentas borrascosas, las pérdidas  se han repuesto con creces, a las derrotas y dispersiones han sucedido las victorias, y los hijos del Anáhuac jamás han sido más formidables a sus enemigos que cuando han vagado errantes por las montañas, ratificando a cada paso y peligro el voto de salvarla.

Patria y vengar la sangre de sus hermanos.

V.M, Señor por medio de los infortunios, ha cobrado su esplendor, ha consolado a los pueblos, destruido a sus enemigos y logrado la dicha de augurar a sus amados hijos, que no está lejos el suspirado día de su libertad y de su gloria.  V.M.  ha sido como un águila generosa que ha salvado a sus polluelos de las rapaces uñas de las demás aves dañinas que los perseguían y colocándose sobre el más elevado cedro les ha mostrado la astucia y vigor con que los ha librado. V.M. Es esta águila tan majestuosa  como terrible, que abre en este día sus alas para colocarnos bajo de ellas y desafiar desde este estrago asilo a la rapacidad de este león orgulloso, que hoy vemos entre el cazador y el venablo. Las plumas de que nos cobijan serán las leyes protectoras de nuestra seguridad, sus garras terribles los ejércitos ordenados, sus ojos perspicaces la sabiduría profunda de V.M. que todo lo penetre y anticipe.

¡Día grande, día fausto, venturoso día en que el sol alumbra con la luz más pura, aun a los más apáticos e indiferentes!

¡Genios de Moctezuma, Cacama, Quautimozin, Xicoténcatl y Calzontzín, celebrad en torno de esta augusta asamblea y como celebráis el Mitote en que fuisteis  acometidos por la pérfida espada de Alvarado, el fausto momento en vuestros ilustres hijos se han congregado para vengar vuestros ultrajes y desafueros y librarse de las garras de la tiranía y fanatismo que los iba a sorber para siempre!

Al 12 de agosto de 1521 sucedió el 14 de Septiembre de 1813; en aquél se apretaron las cadenas de nuestra servidumbre en México-Tenochtitlán; en este  se rompen para siempre en el venturoso pueblo de Chilpancingo.

¡Dios grande y misericordioso, Dios de nuestros padres, loado seas por una eternidad sin principio, y cada hora, cada momento de nuestras vida, sea señalado con un himno de gracias a tamaños e incalculable beneficios!

Pero, Señor nada hagamos, nada intentemos si antes y en este lugar no juramos todos a presencia de este Dios benéfico, salvar la Patria, conservar la tierra de Jesucristo; formar  la dicha de los pueblos, proteger todas las instituciones religiosas, olvidar nuestros sentimientos mutuos y trabajar incesantemente en llenar estos objetos.

¡ Ah perezca antes el que posponiendo la salvación de la América a su egoísmo vil, se muestre lento y perezoso en servirla y en dar ejemplos de un acrisolado patriotismo!

Señor vamos a restablecer el Imperio Mexicano, mejorando el gobierno; vamos a ser el espectáculo de las naciones cultas que nos observan; vamos en fin, a ser libres e independientes.

Temamos a la Historia que de presentar al mundo el cuadro de nuestras acciones, y ajustemos nuestra conducta a los principios más sanos de honor, de religión  y de policía.

Dije.

José María Morelos y Pavón.

Fuente: Tarsicio García Díaz.

 

 

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