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8 de julio de 2024
OPINIÓN

Parteaguas en el INE: del desvarío a la sensatez

Por Pedro Vargas Avalos

Desde hace varios años, las relaciones entre los dirigentes del Instituto Nacional Electoral (INE) y la presidencia de la república, con todo lo que ésta significa, se habían venido agriando. Los motivos eran varios,  pero destacan dos: origen y pretensión.

El origen de los principales actores de esa porfía, es muy distinto. El lado representado por el mandatario nacional, es la lucha política desde la oposición y su divisa resulta muy elocuente: por el bien de todos, primero los pobres. En cambio, por la parte de quienes se apoderaron del INE (su ahora exconsejero presidente y quien lo secundó ciegamente, y que fungió como consejero Ciro Murayama), su fuente fue el reparto entre partidos políticos de cuotas, enjuague pactado cuando se escogió quien sería presidente de la institución (con evidente aprobación del ejecutivo federal en turno) en los días en que se registró la mutación del antiguo IFE por el actual INE. Su complemento, a la vista de los hechos, fue su apego a los privilegios que van desde los altos ingresos hasta las prestaciones múltiples, prebendas que onerosamente usufructuaron a costas del erario y a contrapelo de la ley.

Algo que es trascendente fue su reflexión de Guadalupe Taddei: el INE debe regresar a su tarea, que es organizar elecciones, dejando a los actores políticos el hacer política; y además, ha de sostener coordinación, con autoridades y demás factores, para forjar comicios excelentes.

El primer magistrado federal, impulsó una política de austeridad, sostenida en reformas a la Constitución y la expedición de normas reglamentarias que se simbolizan en la Austeridad Republicana; la mira es reducir gastos exagerados en la nómina burocrática, conforme el principio de que “no debe haber un gobierno rico a la par de un pueblo pobre”, tal como venía sucediendo desde hace varias décadas en la vida pública del país. La vieja frase de que “vivir fuera del presupuesto es vivir en el error”, había cobrado tal vigor, que se acuñó otra máxima lastimosa: Cada sexenio brotan comaladas de millonarios. No es nada extraño que la ciudadanía, impulsada por acaecimientos como esos –entre otros factores- se volcara en las urnas en los comicios de 2018 y llevara al poder, por primera vez en nuestra historia, a una corriente de izquierda.

El INE pretendió proyectar la idea de que representa la democracia y por lo tanto, el organismo era el ingrediente determinante de ese resultado. Eso es insostenible, porque quien fungió de elemento definitivo, fueron los votantes, es decir, el pueblo.

Los episodios que protagonizaron desde ese ya alejado 2028, los consejeros electorales, muy especialmente el que los presidió (Lorenzo Córdova) y el seguidor de él, Ciro Murayama, les ganó a pulso el título de reclamantes de cualesquier acto que calificaban de contrarios a la autonomía del INE. Las oposiciones de la llamada Cuatro T, tuvieron un asociado en esa actitud contestataria y, de variadas maneras, se advirtió que se habían aliado ambos elementos. De esa forma, surgieron enunciados que los identifican: “El INE no se toca”, es uno; otro, “Mi voto no se toca”, para culminar con el de “La democracia no se toca”.

Lo anterior solo vino a ser la cara de las diferencias entre funcionarios electorales y la Cuatro T. Lo más añejo era la tirante pugna por evitar que – a los altos funcionarios electorales- se les quitara sus emolumentos inmoderados y evidentes derroches presupuestarios, ignorando principios esenciales, ya no solo legales, sino de moral cívica y conducta pública. El rechazo visceral de la oposición a la reforma constitucional en materia electoral, que tantas cosas positivas contenía, provocó que se emitieran leyes secundarias en ese ramo, que se identificaron como Plan B: para combatirlo, unieron acciones las oposiciones  y el INE, sosteniendo falsamente, aquellos que se pretendía suprimir al organismo, y estos, según Lorenzo Córdova, que se quería destazar.

El tiempo, que todo lo vence, hizo su aparición y precisó que el período de Lorenzo y Ciro, llegaba a su término. De esa manera, el 3 de abril tomó el timón del importantísimo órgano comicial, la Licenciada en Administración Pública, de 59 años de edad y nativa de Sonora, Guadalupe Taddei  Zavala, expresidenta del Instituto Electoral sonorense, donde organizó los debates entre candidatos, así como una elección con sufragantes indígenas. Su actividad en la materia electoral es de varios lustros, en los cuales acreditó grandes aptitudes. Como no hubo acuerdo entre los partidos políticos para elegir consejeros (en total cuatro) por mayoría calificada, se llevó a cabo la selección por medio de sorteo (insaculación) realizado en la Cámara de Diputados el uno de abril. Y como ella (Taddei Zavala) lo expresó, la suerte y un acuerdo, producto del desacuerdo entre diputados, la llevó al lugar que ahora ejerce. Todas las fuerzas políticas la respaldaron, con excepción de los panistas, quienes iniciaron un juicio para desconocerla, porque según sus intolerantes dirigentes, no garantiza la imparcialidad. Lo más probable es que esa impugnación naufrague. El presidente AMLO, aseveró que el procedimiento fue bueno, pues eliminó el nefasto reparto que antes hacían los partidos.

Contrario al protagonismo de su antecesor, reconociendo la solidez del INE, la flamante presidenta –la primera en la historia del INE- se manifestó, correspondida con la Cámara baja que la sorteó; enseguida manifestó su aprensión por hacer más sin dispendio, atenta a lo que dijo es reclamo social: abatir costos de las elecciones. Y agregó su preocupación por atender a los miembros de a pie del Instituto, lo cual ni en sueños formó parte de los afanes de los consejeros salientes, todos felices con las millonarias liquidaciones que recibieron, a costillas de los contribuyentes mexicanos, quienes jamás las habrían aprobado.

Ella afirmó que buscará tener la confianza de partidos y ciudadanos en la organización y resultados de los comicios, para lo cual escuchará las voces de todos, llamando al ciudadano a votar invariablemente. Y habiéndola interrogado sobre su sueldo, dijo tajante: me sujetaré a la ley y ganaré menos que el Presidente de la república, como ordena la Constitución. Sobre sus compañeros consejeros, estableció que ella respetará su decisión, pero reiteró: la actual ley está vigente y debe acatarse.

Algo que es trascendente fue su reflexión: el INE debe regresar a su tarea, que es organizar elecciones, dejando a los actores políticos el hacer política; y además, ha de sostener coordinación, con autoridades y demás factores, para forjar comicios excelentes.

Un reto inmediato, es el nombrar titular de la Secretaría Ejecutiva, y para ello aseguró que procurará que sea decisión de los once consejeros del Instituto. Sobre ese tema todo observador estará muy atento, pues es el funcionario más poderoso del organismo y de él dependerá su marcha idónea. Finalmente, dejó en claro que ella no se reunirá con actores políticos fuera del local que comanda, pero subrayó, que estará pronta para recibir a todo el que la busque -para consultas- en materia de su competencia.

Los mexicanos debemos estar confiados en que el arribo de una mujer al Instituto Nacional Electoral, es un parteaguas –es decir, un antes y después- para organizar elecciones. Por ello, debemos encarar con optimismo, el decisivo año de las votaciones más grandes en la historia de la nación, las cuales tendrán verificativo el venidero 2024. En ellas, participaremos entusiastas y con la mayor convicción de que seremos  los ciudadanos quienes decidiremos el futuro de la patria.

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