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Guadalajara
24 de julio de 2024
OPINIÓN

Padilla y la conquista de la autonomía universitaria

Por Salvador Carrillo*

La noticia causó sorpresa, como toda ausencia provocada por la certidumbre de la muerte. Casi en ese momento en todos lados empezó una pregunta que se ha mantenido, lo veo normal no sólo por la incertidumbre permanente en que vivimos, sino por la naturaleza misma sobre el futuro. Nadie sabe exactamente qué pasará. Si lo supiéramos, perderíamos ese margen de maniobra que llamamos libertad que se encuentra entre lo viable de las circunstancias y lo humanamente posible de las condiciones.

“El compromiso de nuestra generación es darle una universidad madura que responda más eficazmente a las demandas de su población”.

La muerte de Raúl Padilla ha cimbrado el escenario jalisciense y ha tenido eco en el resto del país, su presencia en verdad significó un cambio en el paradigma de finales de los ochenta y sobre todo, en una actitud reformadora de instituciones y dinámicas. Se ha hablado mucho de su legado y la capacidad de repensar una universidad que se había mantenido casi intacta por dos siglos para replantearla y sacarla al escrutinio público, para hacer de ella un agente del cambio, para mostrar que el conocimiento y la cultura cuando se ponen en marcha, son capaces de cambiar la sociedad que los nutre y da forma y si, para ser un factor político. Pero la incursión de la Feria del Libro, la red universitaria, el aumento de la matrícula y los programas de calidad tienen, desde mi opinión, su origen en lo que creo fue el mayor logro de su carrera: la conquista de la autonomía universitaria durante su rectorado, en una de las décadas más convulsas que experimentara la humanidad.

Nada hubiera sido posible sin una ley orgánica diseñada explícitamente para darle vida a la Universidad y poner en prueba un ejercicio de expansión en todo sentido, de planteles, de atribuciones, de visión, de retos y de todo lo que eso conlleva, porque desde luego hubo crítica al respecto, la sigue habiendo, porque quienes prefieren la comodidad del presente ven como amenaza cualquier cambio a su forma de ver la vida.

Pero también creo que fue el principal talento de Padilla y el equipo que condujo al interior de la casa de estudios, el tener presente siempre el riesgo que conllevan las propias acciones, aquello que se puede controlar, y nunca dejar de lado aquello que está fuera de su alcance y que incide incluso más. Porque hacer siempre implica tener el fracaso como posibilidad y sortearlo en la medida que podamos. Hacer es antes que nada, conducirse entre el riesgo, el miedo, la convicción y la determinación. La reforma universitaria, lejana ya para algunos, representó un movimiento fuerte al interior de la Universidad de Guadalajara y cuyos frutos aún son incomprendidos para propios y extraños que ha costado treinta años en consolidarse, pero que, a pesar de todo lo que ha pasado, no se ha detenido y que sigue manteniendo deudas con la sociedad, además de los nuevos problemas que se han generado.

Leo el discurso de toma de posesión de Raúl Padilla en abril de 1989, el año que cambió todo y que significó el inicio del derrumbe de una forma de pensar y ver el mundo, lo leo buscando siempre ubicarme en el momento en que se daban las cosas, en las condiciones que ya mostraban un mundo roto para siempre en que se diluían las grandes narrativas de la modernidad y que daban sentido a la existencia de millones de personas, una época que a pesar de no estar alejada, nos dice mucho de cómo estamos hoy.

Una época en que las grandes instituciones de la vida comenzaron a perder su solidez y algunas se reinventaron o se arroparon en su certidumbre en días en que todo cambió.

Veo varias palabras que se repiten constantemente, más que como herramienta discursiva, como mantra y advertencia, la urgencia por modernizarse, pero tomar con cuidado los cambios que la propia modernidad experimentaba en esos días, el apego a la tradición como pivote, pero como catapulta del futuro, ese que, afortunadamente desconocemos y estamos obligados a tomar en nuestras manos.

Rescato dos frases de entre trece páginas mecanografiadas y con párrafos enteros ilegibles seguramente por los efectos de un documento fotocopiado y escaneado hasta el cansancio, una frase que resume, creo yo, la respuesta que Raúl Padilla y su equipo encontraron hace más de treinta años cuando se preguntaron, como lo hacemos miles de personas en estos días en que la muerte, contundente, absoluta y aleccionadora nos toma por sorpresa, la pregunta del qué va a pasar que nos angustia pero nos ataca y aguijonea para obligarnos a actuar, sólo va a pasar lo que nosotros, con nuestras dudas y aspiraciones, con nuestras circunstancias y las condiciones que nos moldean, nos permita. Mi respuesta es esa y la encontré en una frase de un video que hace tiempo hicimos para un informe, seguir: la Universidad debe seguir, porque si se detiene la educación, se detiene la Humanidad.

Pero regreso a las frases separadas en varias páginas y de las que ofrezco disculpas por unirlas en una licencia literaria y concluyo; detecto en ellas y repito, el mantra que originó un legado que sigue incompleto y que, por el bien de todos debe seguir consolidándose:

“Necesitamos madurar instituciones y transformas estructuras rígidas en estructuras flexibles, agiles y diferenciadas. Ese es el reto de nuestra generación… Jalisco es un estado vigoroso, con una presencia significativa en la región centro-occidente del país. El compromiso de nuestra generación es darle una universidad madura que responda más eficazmente a las demandas de su población.”

*Licenciado en estudios políticos y de gobierno y maestrante en

gestión de gobiernos locales por la Universidad de Guadalajara.

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