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6 de julio de 2024
ESTILO DE VIDA

Denuncia Francisco Xavier Mina la tiranía de Fernando VII

LOS DISCURSOS QUE NOS DIERON PATRIA

“La Constitución fue abolida, y el mismo a quien España había rescatado con ríos de sangre y con inmensos sacrificios la hizo recaer bajo la tiranía y el fanatismo”.

 

Por Dulce María González

» A los españoles y americanos.

Al separarme de la asociación política por cuya prosperidad he trabajado desde mis más tiernos años y adherirme a otra en disensión con ella para ayudarla, creo un deber mío exponer a aquellos a quienes toca los motivos que me han dictado esta resolución.

Yo me hallaba estudiando en la universidad de Zaragoza cuando los desórdenes de la corte de España y la ambición de Napoleón redujeron a los españoles, o a ser la presa de una nación extraña o a sacrificarse a la defensa de sus derechos.

Cuando entraron tropas francesas a España, a raíz del Tratado de Fontainebleau de octubre de 1807, Mina tenía 18 años y mostró un gran liderazgo al formar el cuerpo Corso Terrestre de Navarra con la intención de combatir a los franceses.

Colocados entre la ignominia y la muerte, esta triste alternativo indicó su deber a todos aquellos en quienes la tiranía de los reinados pasados no había podido relajar completamente el amor a la patria. Yo me sentí, como otros, animado de este santo fuego y me dediqué a la destrucción del enemigo. Acompañé como voluntario los ejércitos de la derecha y del centro, y dispersos desgraciadamente corrí al lugar de mi nacimiento donde era más conocido. Me reuní a doce hombres que me escogieron por caudillo, y en breve llegué a organizar en Navarra cuerpos respetables de voluntarios de que la Junta Central me nombró jefe.

Pasaré en silencio los trabajos y sacrificios míos y de mis compañeros de armas. Baste decir que peleemos como buenos patriotas. Yo fui hecho prisionero, y entonces la división que mandaba tomó mí nombre por divisa, y por mi sucesor a don Francisco Espoz, mi tío. El gobierno nacional, que aprobó esta determinación, permitió también a mi tío añadir a su nombre el de Mina, y todos saben cuál fue el patriotismo, cuánta la gloria con que se distinguió aquella división bajo sus órdenes.

Al restablecerse en nuestro suelo la dignidad del hombre y nuestras antiguas leyes, creímos que Fernando VII, que había sido compañero nuestro y víctima de la opresión, se apresuraría a reparar con los beneficios de su reinado las desdichas que habían agobiado al Estado durante sus predecesores. Nada le debíamos. La generosidad nacional lo había librado de la tiranía doméstica. La generosidad nacional lo había llamado gratuitamente al trono, de donde su debilidad y la mala administración de su padre lo habían derribado; le habíamos perdonado las bajezas de que se había hecho reo en Aranjuez, en Bayona y en Valencey. Habíamos olvidado que, más atento a su propia seguridad que al honor nacional, correspondió a nuestros sacrificios con pretender enlazarse con la familia de nuestro agresor. Confiábamos, no obstante, en que tendría siempre presente a que precio se le había repuesto al trono y en que unido a sus libertadores liaría cicatrizar las profundas llagas de que por su causa se resentía aún la nación.

Francisco Xavier Mina cobró fama de buen estratega, pese a que lo capturaron en 1809 y fue liberado en 1814, una vez que derrotaron a Napoleón. Esto implicó el regreso del absolutismo a Es- paña al derogarse la Constitución de 1812.

La España, logrando reconquistarse á sí misma, es visto que reconquistó también al rey que se eligió. La mitad de la nación había sido devorada por la guerra, y la otra mitad aún estaba empapada en sangre enemiga y en sangre española al restituirse Fernando al seno de sus protectores. Las ruinas de que por todas partes estaba cubierto el camino debieron manifestarle sus deudas y las obligaciones en que estaba hacia los que lo habían salvado.

¿Podía creerse que el decreto dado en Valencia a 4 de mayo de 1814 fuese indicio del tratamiento que el ingrato preparaba a la nación entera? Las Cortes, esa antigua égida de la libertad española, y a las que en nuestra orfandad debió la nación su dignidad y honor; las Cortes, que acababan de triunfar de un enemigo colosal, se vieron disueltas y sus miembros huyendo en todas direcciones de la persecución de los aduladores y serviles. Cadenas y presidios fueron la recompensa de los que tuvieron bastante firmeza para oponerse a la más escandalosa usurpación. La Constitución fue abolida, y el mismo a quien España había rescatado con ríos de sangre y con inmensos sacrificios la hizo recaer bajo la tiranía y el fanatismo de que la habían sacado los españoles ilustrados.

 


FRANCISCO JAVIER MINA EN EL EXILIO

Xavier Mina no estaba de acuerdo con restaurar el régimen anterior y conspiró contra la Corona española, pero no encontró el eco suficiente y fue exiliado a Inglaterra, donde tuvo contacto con fray Servando Teresa de Mier, quien le hizo ver el apoyo de la Independencia de América como una manera de golpear al rey Fernando VII.

Tanto Teresa de Mier como Francisco Javier Mina tenían una afinidad ideológica precisa: acabar con el absolutismo que proclamaba el rey de España, Fernando VII. Entre su exilio en Londres y su expedición hacia América, Mina se reunió en Haití con Simón Bolívar.

 

FRANCISCO XAVIER MINA EN AMÉRICA

Juntos, Simón Bolívar y Francisco Xavier Mina, emprendieron una expedición para apoyar la independencia de la Nueva España con un grupo de mercenarios que en mayo de 1816 se embarcaron con rumbo a Nueva Orleáns, Estados Unidos, donde se les unieron estadounidenses para el destino final: las costas de Nueva España.

El 25 de abril de 1817, Mina desembarcó en Soto la Marina Tamaulipas (sus buques se llamaban “Neptuno”, “Congreso Mexicano” y “Cleopatra”). Sin imaginar que sería fusilado en tierras novohispanas el mismo año, el 11 de noviembre, en Pénjamo Guanajuato.


 

(Continuará)

Soto la Marina, 25 de abril de 1817.-Xavier Mina.»

 

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